Ser comunista no requiere titulación, y satisface la necesidad de afiliación

Bueno, en primer lugar distingamos entre una titulación, un mérito o una profesión, como ser economista, alpinista, florista, y por otro lado todas aquellas palabras que también acaban en -ista pero sin que requieran nada para serlo uno.

Me acuerdo cuando estuve de joven estudiando varios años música, muy seriamente y con intención de dedicarme profesionalmente a ello; esto es, ser músico. Una de las cosas que nos preocupaban bastante en mi casa era que para ser ‘músico’ no se necesita titulación. Es decir, cualquiera puede decir “yo soy músico”. Sin embargo para ser arquitecto, hay que estar titulado por una universidad homologada, si no la afirmación de “yo soy arquitecto” pierde todo valor oficial. Igual para ser médico, hay que tener la titulación de medicina. O abogado; si no te has licenciado y luego colegiado, no eres abogado.

Pero para ser músico, basta con ir a una tienda de música, comprarse una guitarra, sentarse en la acera a tocar unos acordes y ya puedes decir “soy músico” a los que pasen. ¿Qué distingue, en cuanto a formalización del nombre profesional, al que no sabe nada ni sabrá y hace ruido en su casa o en la acera mientras pide limosna, del filigranas que ha estudiado concienzudamente una barbaridad de años y tiene una capacidad abismal en todas las áreas como músico? Aparte del obvio resultado y funcionalidad visibles, para que se auto-denominen ellos no les distingue nada; ambos serían ‘músicos’…

Bien, pues el comunismo es lo mismo.

Sin llegar al que pide limsona, imaginémonos a cualquier persona de escasa utilidad, sin oficio ni beneficio, y que no se le ha ocurrido lo de la guitarra ni, por tanto, “ser músico”.
“¿Qué eres?” – le preguntan sus amigos, familiares o lo que sea. Y él contesta que no es nada, que trabaja de lo que puede, se gana la vida de mala manera, y punto; va tirando. Un buen día lee un tebeo, o ve en la TV o en Internet, que simplemente ‘desear’ que la riqueza del país se promedie entre todos sus habitantes, no sólo es algo que existe y mucha gente desea, sino que encima si manifiesta ese deseo, automáticamente es ‘comunista‘; así es considerado. ¡Anda! ¡Qué bien! ¡Así que yo siempre he sido ‘comunista’ y no lo sabía! No sabía que simplemente soñar con ‘eso’ era algo eso se llamaba así. Y que cualquier “idea”, incluso la de robar parcialmente a muchos, tenía sentido y era defendible.

Ahora, cuando le pregunten sus amigos o familiares, ya tiene algo muy rimbobante que contestar.
-“Qué eres?” – le preguntarán.
-“Comunista” – contestará él hinchado de orgullo, sintiéndose así por fin adscrito a un grupo social -comunistas- (ver necesidades de afiliación en Pirámide de motivaciones de Maslow).

Quedará automáticamente rodeado de un halo de misterio, de elevación, de profundidad intelectual, empezarán a orbitar a su alrededor palabras como ‘doctrina marxista’, ‘moral’, ‘capitalismo’, etc., y podrá rematar altivamente cualquier debate con otra persona con un “te pierde la codicia” o “la riqueza se tiene que repartir”, y se queda como un señor. Sale por fin de la categoría de inútil y desgraciado, que era su vida hasta el momento, y pasa a la categoría de intelectual incomprendido (e incomprensible) que lucha por una causa que suena con un pretexto muy humanista (ayudar a los pobres), y cuya implantación por desgracia aún está por llegar.

Esto de ‘ser comunista’ es una maravilla… ¿por qué no lo habré descubierto antes? No me ha costado nada, simplemente me levanté por la mañana y dije “soy comunista”, ¡y me está aportando tantísimo a mi felicidad! Pero si de repente casi me alegro de ser un desgraciado, porque con esto del comunismo ser un inútil cobra una legitimidad moral pasmosa, y los eficaces y esforzados de toda la vida pasan así a ser unas sanguijuelas chupasangre, y el vago descarriado un pensador solidario y humanista, incomprendido. Claro, eso había sido yo siempre…
¡Pero primero que aflojen su pasta los ricos! (guau, ¿te imaginas?, esto ya será el paraíso, ¿de verdad se puede hacer esto?)

Comunismo ¡ya!

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2 comments so far

  1. Laura on

    Con respecto a la titualción de los comunistas.

    En este enlace encontrarás un mapa donde se indica (con colores, es muy visual), los diferentes grados de estudios de los países europeos. Las antiguas repúblicas soviéticas ganan por goleada en lo que a titulación superior se refiere.

    El comunismo tendrá muchos aspectos nocivos pero desde luego, en su preocupación por la preparación científica y técnica de sus ciudadnos, nos deja a los demás a la altura del betún.

    • Marcos on

      Igual te refieres Laura a cosas como la “titulitis” española o fenómenos de apariencia de ese tipo. La realidad es que la educación, por ejemplo de España, está orientada a la memorización y no a desarrollar la capacidad de pensar y razonar por uno mismo. Eso produce aturdimiento por sobredosis de información, e incapacidad crítica ni de pensar por uno mismo (capacidad crítica no es ser un criticón; es tener un criterio formado y fundamentado).

      La realidad en la época del bloque comunista, es que por mucha titulación que tuvieran, importaban (robando) la tecnología de EE.UU. Por tanto, ¿de qué capacitación mental exactamente hablamos? ¿título de qué? La vida no es títulos. Al final sólo inventan los anglosajones. Los comunistas sólo piratean y roban, y muestran los títulos que tienen… eso no sirve para nada; ni a las personas de esos países, ni a la evolución de la Humanidad.

      De todas formas el artículo trataba de otro matiz bastante diferente.


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